El mango es, tras el aguacate, el cultivo subtropical más importante en España. Este fruto, originario de la India, ocupa una superficie de 3.763 ha, el 87% en la Península y el resto en Canarias (MAGRAMA 2017a). Su producción total en España ronda las 28.000 t (Consejería de Agricultura y Pesca, 2017; Cámara Santa Cruz de Tenerife, 2011). Dentro de la Península, la producción se concentra en la franja litoral de las provincias de Málaga y Granada, mientras en Canarias lo hace en zonas costeras de clima subtropical de Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y, en menor medida, La Palma y El Hierro (Cámara Santa Cruz de Tenerife, 2011). Actualmente, hay un notable interés en este cultivo y su superficie ha crecido de forma importante en los últimos años. Existe un buen número de variedades que, en su conjunto, abarcan un periodo de maduración de unos tres meses: desde temprana, como ?Kensington?, hasta tardía como ?Keitt?. La variedad claramente predominante es ?Osteen?, de maduración media-tardía. La incidencia de las plagas clave está fuertemente influida por el factor maduración.

A nivel mundial se considera que el mango es afectado por no más de cuatro plagas clave, varias secundarias y numerosas ocasionales; en total, suman 260 las especies de artrópodos que pueden atacar los diferentes órganos de la planta (Peña y col., 1998). Entre los cultivos subtropicales en nuestro país, el mango es el que muestra susceptibilidad a un mayor número de fitófagos, alrededor de 15 especies, la mayoría de las veces en niveles por debajo de umbrales de intervención. Encontramos, sin embargo, 2 excepciones notables: la cochinilla blanca y la mosca mediterránea de la fruta, capaces de producir serios daños en fruto. Su importancia ha ido aumentando a la par que lo ha hecho la superficie cultivada, lo que ha llevado a una dependencia del uso de insecticidas cada vez mayor, con el consiguiente aumento de costes y riesgos asociados, entre los cuales destaca el potencial desequilibrio de plagas secundarias.