Entre las amenazas fitosanitarias más graves que actualmente tiene la agricultura española se encuentran Candidatus Liberibacter solanacearum (HLB de los cítricos), Xylella fastidiosa (muy polífaga) y la flavescencia dorada (fitoplasma que afecta a la vid). Los tres patógenos tienen en común su origen bacteriano y que necesitan un insecto vector para la transmisión de una planta enferma a otra sana. Del HLB solo hemos detectado en Galicia uno de los dos vectores, la Trioza erytreae, estando libres por ahora de la otra especie transmisora (Diaphorina citri). De Xylella fastidiosa tenemos presente un eficiente vector (Philaenus spumarius) y de la flavescencia detectamos el insecto vector (Scaphoideus titanus) en 1988 en las comarcas catalanas de la Conca de Barberà (Tarragona) y el Penedès (Barcelona) y en 2007 en Galicia.

Scaphoideus titanus tiene actualmente mayor superficie de distribución en Europa que la misma enfermedad, por lo que el peligro de expansión de la misma es real y probable. La transmisión a corta distancia de estas enfermedades se produce por los insectos vectores, pero a largas distancias es a través del material vegetal infectado. Por eso son esenciales las medidas de prevención e inspección del material vegetal en los procesos de producción, exportación e importación, con el objetivo de intentar evitar la introducción de estos parásitos de cuarentena.

Los síntomas de la flavescencia se detectaron por primera vez en 1995, en las vides de la comarca del Alt Empordà de Gerona, fronteriza con Francia, pero se confirmaron definitivamente en 1996. Presumiblemente se introdujo en los años 1993-94 por cicadelas infectadas provenientes del foco fronterizo francés de Le Bolou, muy intenso en aquella época, que llegaron ayudadas por los fuertes vientos de la tramontana.

En el mismo año 1996 se estableció una estrecha colaboración entre el Servicio de Protección de los Vegetales de Cataluña (SPV de la época), el SPV de Perpiñán y la Cámara de Agricultura del Rosellón, elaborando protocolos conjuntos que se plasmaron en un proyecto ?Interreg? entre las dos regiones situadas a ambos lados de la frontera. Paralelamente se publicó una Orden reguladora (3/12/96) que declaraba oficialmente presente la enfermedad y determinaba una serie de medidas de choque.

Estas medidas iban destinadas a controlar los focos e intentar su erradicación, mediante el arranque y eliminación de todas las parcelas que tuvieran más del 20% de las cepas afectadas, la eliminación de las cepas aisladas afectadas si la parcela no superaba el 20%, la obligación de arrancar las viñas abandonadas, la obligación de realizar los tratamientos que determinara el SPV contra S. titanus, siendo el primero de ellos efectuado en helicóptero a cargo de la Generalitat de Cataluña, y la intensificación de los controles en los viveros con la obligatoriedad de realizar también los tratamientos contra S. titanus. En el caso de localizar brotaciones directas de los portainjertos, especialmente en zonas donde el arranque de las cepas fuera deficiente, también se obligó a su destrucción por ser posibles portadoras del fitoplasma aunque no presenten síntomas de la enfermedad.