Roland Gerhards, catedrático de Malherbología de la Universidad de Hohenheim (Alemania), participó como ponente invitado en la vigésima edición del Simposio de la Sociedad Europea de Malherbología, que esta semana se ha celebrado en el Palacio de Congresos de Lleida “La Llotja”. Allí habló sobre los avances en el control mecánico de las hierbas, una alternativa al uso de herbicidas que ha avanzado en los últimos años impulsado por nuevas tecnologías como sensores o receptores GPS de alta precisión.

Desde 2010 existen sistemas de guiado automático para utilizar cultivadores entre las líneas de cultivos. Estos aperos guiados por sensores utilizan cámaras de visión o receptores de GPS RTK de alta precisión para reconocer las líneas de cultivo y conducir la reja del cultivador por el centro de la entrelínea. Hasta 2016, aproximadamente, se disponía de estos sistemas para cultivos sembrados en hileras con una separación de 20 cm o más, como remolacha azucarera, maíz, soja o girasol. En 2016, la empresa K.U.L.T llevó al mercado el primer cultivador guiado con cámara para cereal, con una separación de líneas de 12,5 o 15 cm. “Con estos cultivadores guiados con cámara se consigue llegar al doble de la velocidad, acercarse más a las plantas de cultivo, controlar mejor las malas hierbas y reducir los daños sobre las plantas de cultivo”, subrayó Gerhards.

El control mecánico de malas hierbas ha mejorado en los últimos diez años de manera sustancial: se han desarrollado robots escardadores con distintos niveles de automatización diferentes que ya se están utilizando por algunos productores. Desde maquinaria con sensores sin imagen y cultivadores o azadas con reconocimiento de las líneas de cultivo gracias al uso de cámaras, hasta robots desherbadores que llevan a cabo, aparte del control de las malas hierbas entre las líneas, un desherbado guiado por sensores dentro de la línea de cultivo, y robots escardadores que utilizan modelos de inteligencia artificial para distinguir especies de malas hierbas de plantas cultivadas.

Gracias a la IA, los robots escardadores son capaces de reconocer más del 90% de las malas hierbas con unos daños en los cultivos inferiores al 5%

La Universidad de Hohenheim está contribuyendo al desarrollo de un robot escardador que distingue entre las diferentes especies de malas hierbas emergidas en la misma línea que el maíz o la remolacha azucarera. Este robot está estructurado de forma modular; se puede acoplar a cualquier cultivador para tantas líneas como se desee. “Desde el punto de vista técnico es considerable y satisfactorio que, después de pocos años de utilizar los procedimientos basados en inteligencia artificial para el reconocimiento de plantas en agricultura, los robots escardadores sean capaces de reconocer más del 90% de las malas hierbas en las líneas con unos daños en los cultivos inferiores al 5%. No obstante, los costes variables para su uso en remolacha azucarera, maíz y girasol son, generalmente, todavía mucho más elevados que los de los herbicidas”, reconoce el investigador alemán.

Esto sucede porque el ancho de trabajo de un robot escardador es normalmente más estrecho que el de un pulverizador. Además, la velocidad de trabajo de un robot escardador que combate las malas hierbas de forma selectiva dentro de la línea es menor a la del pulverizador, y cultivos como la remolacha azucarera, el maíz y el girasol suelen necesitar entre dos a cuatro escardas para obtener un control satisfactorio, dependiendo de las especies que infestan y del desarrollo del cultivo. Por lo contrario, si la eficacia del herbicida es elevada, en estos cultivos puede ser suficiente una única aplicación.

Por este motivo, en explotaciones convencionales, los costes variables para el control de malas hierbas con herbicidas suelen ser inferiores que usando técnicas de control mecánico. Por el contrario, en los casos en los que una explotación agrícola no pueda o no quiera usar herbicidas, o se deseen sembrar cultivos menores para los que no hay materias activas autorizadas, los robots escardadores posiblemente sí sean más rentables, según Gerhards, que apunta que en determinados cultivos hortícolas, por ejemplo, se tienen que invertir unas cien horas de escarda manual por hectárea. Además, con los robots escardadores más avanzados, que distinguen las diferentes especies de malas hierbas, se pueden proteger de forma intencionada determinadas especies, lo que también contribuye al aumento de la biodiversidad. “En el futuro próximo mejorarán en el reconocimiento, serán más robustos en su uso y se abaratará su coste, por lo que pasarán a ser una alternativa real al control de malas hierbas mediante herbicidas”, vaticinó Gerhards, que en 1993 se doctoró en Ciencias Agrícolas en la Universidad de Bonn. Actualmente, sus intereses científicos se centran en la agricultura de precisión en la gestión de malas hierbas. Es autor y coautor de más de 160 artículos en revistas internacionales revisadas por pares y ha revisado manuscritos para muchas revistas internacionales.