El 10 y 11 de diciembre, el II Encuentro Nacional de Asesores, organizado por Phytoma, en colaboración con la Conselleria de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca de la Generalitat Valenciana, reunirá en el Centro de Eventos de Feria Valencia a los profesionales especializados en el asesoramiento agronómico y a la gestión integrada de plagas. Tres ponentes de esta edición reflexionan sobre el papel de estos profesionales en la sanidad vegetal y la agricultura: José del Moral, Jefe emérito del Departamento de Fitopatología del Centro de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura (CICYTEX); Antonio Monserrat, ex investigador del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (IMIDA); y Javier López-Cepero, Coordinador del Departamento Técnico de Coplaca (Canarias).
Los tres expertos, profesionales con una dilatada trayectoria, coinciden en un diagnóstico claro: el papel del asesor agrario nunca ha sido tan complejo, tan imprescindible y, al mismo tiempo, tan poco reconocido. La agricultura europea se mueve en un escenario de restricciones crecientes, mayor presión social, retos regulatorios y un cambio climático que altera por completo el comportamiento de plagas y enfermedades. En ese contexto, el asesor se ha convertido en un actor clave para garantizar la sostenibilidad productiva y la seguridad alimentaria.
Hoy, más que nunca, el asesor trabaja en un equilibrio frágil entre presiones comerciales, exigencias documentales, falta de herramientas y nuevas amenazas fitosanitarias. “Quedan lejos los días en que el control de plagas se limitaba a elegir tratamientos de un listado de productos”, admite Javier López-Cepero, para quien estos profesionales “se enfrentan no sólo a insectos, hongos o ácaros, sino a todo un entramado administrativo y comercial que condiciona su trabajo”. La producción europea es hoy más segura que nunca, pero también más intrincada. El asesor debe garantizar una agricultura “cada vez más segura y respetuosa” y que, a la vez, debe “cumplir la cada vez más compleja legislación fitosanitaria y ambiental”, subraya Monserrat.
El reto no es solo técnico, sino también social. Las exigencias de determinados mercados o distribuidores van mucho más allá de la propia legislación, imponiendo barreras que no siempre aportan mayor seguridad. El responsable de Coplaca lamenta que “algunos clientes establezcan en sus pliegos de condiciones el cumplimiento de valores inferiores al límite máximo de residuos” y que estas restricciones puedan llevar a “la generación de resistencias a plaguicidas por dosis subletales”.
Por su parte, el ex investigador del IMIDA lamenta que muchas decisiones no responden realmente a criterios científicos, sino a percepciones distorsionadas. “En los últimos años, cambios en las sensibilidades sociales, alentados por informaciones en redes sociales y diferentes organizaciones, que no responden a la realidad de nuestra producción agraria y que denotan un enorme desconocimiento de las necesidades reales y profesionalización del campo, están impactando en estrategias de marketing de supermercados y en políticas agrarias europeas”.
Quedan lejos los días en que el control de plagas se limitaba a elegir tratamientos de un listado de productos
Si algo caracteriza al asesor es su capacidad de anticipación. Su trabajo diario sobre cientos de explotaciones le permite detectar patrones que escapan a la vigilancia oficial. Esta capacidad de alerta temprana se vuelve aún más crucial en un escenario alterado por el clima. López-Cepero advierte de que las plagas “modifican su comportamiento al ritmo del cambio climático” y los asesores deben estar “mucho más pendientes y observadores por la aparición de nuevas plagas”.
Ante amenazas incipientes, la rapidez es clave, pero esta rapidez requiere redes organizadas. Monserrat insiste en la necesidad de “una amplia red de puntos de seguimiento” y de alianzas estables entre asesores y servicios oficiales para anticiparse a brotes, resistencias o cambios etológicos. “Los Asesores pueden jugar un papel fundamental, ya que manejan numerosas parcelas y son los primeros en detectar los problemas, teniendo la capacidad para comunicarlos con inmediatez a los servicios oficiales, servicios que tienen que disponer de medios necesarios y canales hacia otros especialistas para identificarlos y recopilar la información más relevante con la que establecer, de acuerdo al sector, las medidas a adoptar”.
“Dada la pérdida de consideración que la agricultura está alcanzado actualmente en la UE, no es difícil presagiar que el asesor disminuya poco a poco su funcionalidad y protagonismo”, vaticina José del Moral. El fitopatólogo confía en que este panorama podría cambiar “radicalmente si la sanidad vegetal se integra definitivamente en One Health (una Salud), con lo cual sus facultativos no solo serían imprescindibles para el mantenimiento de la salud de los vegetales, sino también de la de los humanos y animales”. Este novedoso enfoque reconoce la interdependencia entre la salud humana, la salud animal y la salud ambiental para prevenir y controlar riesgos sanitarios. Del Moral cita el ejemplo de las micotoxinas, “hongos que se desarrollan en las plantas y provocan enfermedades en humanos”.
“El asesor desempeña hoy un papel imprescindible en la producción de alimentos. Y recientemente se equipara su labor a la del médico, de plantas en este caso, en cuanto a la determinación de la patología y a la prescripción de su remedio”, insiste López-Cepero.
El II Encuentro Nacional de Asesores ofrece una oportunidad única para que estos profesionales compartan experiencias y conocimientos. Su celebración responde a la necesidad de promover un uso responsable de los productos fitosanitarios y fertilizantes, garantizando que su aplicación se realice bajo criterios de seguridad, eficacia y respeto al medioambiente. Del mismo modo, divulgará prácticas agrícolas sostenibles, como la implantación de cubiertas vegetales, la gestión racional de recursos y el fomento de la biodiversidad, herramientas fundamentales para fortalecer los agroecosistemas, mejorar la fertilidad de los suelos y reducir la dependencia de insumos externos.

















