La utilización del injerto para hacer frente a patógenos presentes en el suelo es una práctica común en sandía que ha ido extendiéndose a otros cultivos hortícolas desde la prohibición del uso del bromuro de metilo para la desinfestación de suelos. El colapso, provocado por el hongo Monosporascus cannoballus, es ya un problema de primer orden en muchas zonas de cultivo de melón y sandía a nivel mundial, viéndose también afectadas, distintas zonas de cultivo del Mediterráneo en España. Entre las variedades cultivadas, las tradicionales muestran mayor vulnerabilidad porque han sido seleccionadas por sus propiedades organolépticas y no en base a resistencias. La utilización de la técnica del injerto en este tipo de variedades podría ser una buena alternativa para su cultivo.