En los últimos años, se ha profundizado en el conocimiento de cómo una de las actuaciones tradicionales de la agricultura, como es la aplicación de enmiendas orgánicas al suelo, puede tener distintos efectos positivos en el estado fitosanitario del cultivo del aguacate. En particular, se han realizado investigaciones centradas en las modificaciones que se producen en las comunidades microbianas tras la aplicación de diversos tipos de enmiendas orgánicas a los suelos de cultivos de aguacate y la implicación que estos cambios tienen en el control de la podredumbre blanca radicular del aguacate causada por Rosellinia necatrix.

INTRODUCCIÓN
El aguacate es un cultivo de origen subtropical y como tal necesita unas condiciones específicas para su óptimo crecimiento, como son una temperatura templada a lo largo de todo el año, una humedad ambiental elevada y un suelo con una capa superior muy enriquecida en materia orgánica que favorezca el desarrollo superficial de las raíces alimenticias. Por este motivo, y para acercarse a esas condiciones de cultivo, uno de los manejos que se vienen aplicando históricamente es la adición de distintas enmiendas orgánicas al suelo del aguacate. Dichas enmiendas pueden provenir de distintas fuentes, aunque principalmente se emplean productos residuales compostados de diferente naturaleza, como estiércol, o restos de poda tanto del propio cultivo del aguacate como de otros cultivos. Normalmente, estos materiales son triturados, compostados y finalmente aportados al suelo. En general, se ha observado que la aplicación de estas enmiendas orgánicas tiene efectos beneficiosos directamente relacionados con el aumento de la producción en el cultivo del aguacate (Wolstenholme y col., 1997; López y col., 2014), pero en ocasiones, también pueden causar beneficios en el estado fitosanitario de la planta, llegándose a observar el control de diferentes enfermedades tras su aplicación. Estos suelos con actividad de control biológico frente a un patógeno son conocidos como suelos ?supresivos? (Cook y Baker, 1983), y son aquellos suelos en los que la incidencia de la enfermedad en plantas susceptibles es significativamente inferior, incluso aunque el patógeno esté presente. Este efecto supresivo frente a patógenos puede ser debido, principalmente, a los cambios inducidos en las propiedades físico-químicas y microbianas de los suelos tras la aplicación de las enmiendas orgánicas. Por el contrario, se considera a un suelo ?conductivo? a aquel suelo que permite el desarrollo de enfermedades (Bailey y Lazarovits, 2003; Mendes y col., 2011; Pane y col., 2013).