Los espacios verdes urbanos (EVU) presentan unas características particulares que los diferencian de los cultivos agrícolas. Esto hace que el concepto de umbral de tolerancia deba adaptarse a tales características. En los EVU es muy difícil establecer una relación entre la cantidad de plaga o daño y la pérdida de valor en términos económicos. Así, el criterio económico para la determinación del umbral de tolerancia queda en un segundo plano y deben priorizarse otros criterios como los que se refieren principalmente a la pérdida de funcionalidad, de estética o los que hacen referencia a los efectos molestos que las plagas puedan ocasionar sobre los ciudadanos. En este artículo se repasan las características del umbral de tolerancia atendiendo a los criterios citados.

Uno de los aspectos capitales en la sanidad vegetal es determinar qué cantidad de daño puede soportar una planta sin que exista una repercusión en la utilidad de la plantación o del cultivo. La respuesta a esta cuestión se obtiene gracias a los conceptos de umbral de daños y de tolerancia. Los umbrales de daño o de pérdidas nos indican la densidad máxima de un determinado organismo o el máximo daño que este organismo puede causar sobre la planta para que el cultivo o la plantación no sufran una pérdida de valor inadmisible por parte del propietario o gestor.

Ese nivel de daño puede medirse de formas diferentes: porcentaje de hoja defoliada, proporción de ramillos muertos, número de insectos por hoja, proporción de árboles afectados, etc. Como es lógico, antes de que se dé esa densidad de plaga o esa cantidad de daño debería ponerse en marcha una medida de control para evitar las pérdidas, puesto que ninguna de ellas es efectiva instantáneamente. Ese valor menor de densidad o de daño es lo que se conoce como umbral de tolerancia, umbral de intervención o de tratamiento.