El cambio climático global tendrá un impacto significativo en la mayoría de los agrosistemas. La variación de la temperatura y el régimen de precipitaciones podrán afectar de manera diferente a los distintos componentes del agrosistema y las interacciones tritróficas. Así, los equilibrios presa-depredador y planta-plaga podrán ser rotos debido a un efecto diferencial del cambio climático en las distintas especies. En comparación con las plagas, los enemigos naturales pueden no tener la misma capacidad evolutiva de adaptación a las condiciones cambiantes, provocando un desequilibrio y una mayor incidencia de las plagas. Por tanto es crucial preparar el control biológico para este escenario. Al igual que se está haciendo con la selección de variedades vegetales mejor adaptadas al cambio climático, es posible preparar el control biológico mediante la mejora genética de los enemigos naturales.

La Gestión Integrada de Plagas (GIP, o IPM en sus siglas en inglés), obligatoria en la Unión Europea desde enero de 2014, se orienta claramente a la obtención de cultivos sanos con bajo impacto en los agroecosistemas y en el impulso de los métodos biológicos de control de plagas. La GIP basada en los agentes de control biológico (ACB) se ha impuesto definitivamente en muchos cultivos, especialmente en los cultivos hortícolas producidos bajo invernadero (Calvo y col. 2012, Bielza 2014). El control biológico aumentativo ha demostrado ser un método de control de plagas eficiente y robusto, y la prueba evidente es el aumento de superficie de cultivos de invernaderos que utilizan preferentemente control biológico (van der Blom, 2017). Como ejemplo de éxito podemos señalar el reemplazo virtualmente completo de plaguicidas químicos por depredadores (ácaros y hemípteros) para controlar trips y moscas blancas en el cultivo de pimiento en invernaderos en España (Calvo y col. 2012, van der Blom, 2017). El control biológico con agentes de control biológico de invertebrados es, independientemente de sus beneficios medioambientales, muy eficiente técnicamente y debe ser uno de los pilares del control de plagas en la agricultura moderna. Sin embargo, como cualquier otro sistema, no está exento de ser mejorable, ya que el elevado nivel tecnológico que hoy demanda una agricultura competitiva requiere una innovación constante.

Hoy en día, la industria del control biológico está bien organizada, ha desarrollado metodologías eficientes de cría masiva, así como tecnología y logística para el transporte y envío de los ACB, con un robusto sistema de control de calidad. Igualmente existe un cuerpo importante de expertos en la industria, la investigación y la extensión para guiar a los agricultores y formar a técnicos en el control biológico. También se han desarrollado diversos métodos de liberación de los enemigos naturales en los cultivos, ajustado a distintas especies y situaciones.

Sin embargo, existen serias limitaciones en la adaptación del control biológico en algunos cultivos, áreas y/o periodos del año. Hay limitaciones para el establecimiento y éxito de los protocolos de control biológico por condiciones ambientales (temperaturas bajas o altas, baja humedad), adaptación a cultivos (tomate, pepino), compatibilidad con fitosanitarios, falta de presencia continua de presa, etc. Para superar estas limitaciones se ha recurrido tradicionalmente a la búsqueda de nuevas especies de enemigos naturales, en muchos casos exóticos importados desde otros países. No siempre es posible seleccionar especies de enemigos naturales que se adapten mejor, o incluso la importación de especies exóticas puede acarrear otros problemas.

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