Monocultivo y biodiversidad se consideran tradicionalmente conceptos antagonistas, pero hay algunas pautas que se pueden aplicar para cambiar esto. Se puede tener un cultivo principal y facilitar o potenciar la presencia de otras especies vegetales que aporten valores positivos al total de la unidad. Dependiendo del tipo de agrosistema se propone realizar distintos manejos al respecto, desde permitir que una parte o toda la vegetación potencial y espontánea asociada al cultivo se desarrolle, hasta incorporar al sistema especies de interés. En ambos casos, conociendo su función (biodiversidad funcional), que suele estar relacionada con el apoyo a los mecanismos, estructuras y procesos de control biológico de plagas (no sólo insectos, sino también aves, reptiles…) o con otros roles como modificación del clima (cortavientos, sombreo…), cobertura del terreno o aporte de nutrientes. Se exponen algunas experiencias al respecto en tropicales en las islas Canarias, y sus implicaciones agronómicas y administrativas.
Desde el libro de Domínguez y col. (2002), editado por PHYTOMA y SEAE, que supuso la primera referencia sobre biodiversidad aplicada a regiones mediterráneas, los avances en el conocimiento de sus funciones han sido constantes, con publicaciones que la destacan y algunas incluso las cuantifican.
Trabajos recientes como el de Beillouin y col. (2021) recopilan los efectos de la diversificación de cultivos en los agroecosistemas, destacando que mejora la producción agrícola y el control de plagas y enfermedades por mecanismos como el aumento de la complejidad del dosel, la oferta de refugio a los auxiliares, y cambios microclimáticos que dificultan la propagación de plagas y enfermedades. Rakotamala y col. (2023) evalúan cuantitativamente el efecto global de los cultivos intercalados sobre los artrópodos beneficiosos y las poblaciones de plagas, así como de diferentes combinaciones de cultivos y su disposición espacial, frente a un monocultivo testigo. Los cultivos intercalados aumentaron significativamente la abundancia de artrópodos beneficiosos en un 36%, la densidad en un 94% y la riqueza de especies en un 27%, y redujeron en un 38% la abundancia y en un 41% la densidad de artrópodos plaga.
