La citricultura española contiene el aliento tras la confirmación de los primeros brotes en España del virus de la clorosis nervial amarilla (Citrus yellow vein clearing virus, CYVCV), un patógeno que afecta principalmente a variedades de limonero y naranjo amargo y se transmite mediante injerto, herramientas de corte o insectos vectores. Aunque no se descarta que su introducción se deba a material vegetal importado irregularmente, se va a revisar el sistema de saneamiento y certificación de cítricos.

Por ahora, el Laboratorio Nacional de Referencia para virus de especies leñosas, que se encuentra en el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), ha identificado un total de 22 árboles positivos distribuidos en ocho parcelas comerciales ubicadas en cinco comarcas de las provincias de Castellón y Valencia, después de una alerta inicial en el sur de la provincia de Tarragona, donde el pasado otoño se observaron sintomatologías anormales en varios limoneros diseminados, que resultaron estar infectados. Vicente Dalmau, jefe del Servicio de Sanidad Vegetal de la Generalitat Valenciana, explica que la identificación de CYVCV fue fruto de una búsqueda activa tras las advertencias del Ministerio de Agricultura y la Generalitat de Catalunya. “Durante los meses de septiembre y octubre realizamos prospecciones aleatorias para identificar cepas del virus de la tristeza, y tras las alertas, analizamos esas mismas muestras para este nuevo virus”. Las detecciones se produjeron sobre variedades de naranjos, mandarinos y clementinos que no mostraban síntoma alguno. A falta de completar todos los análisis, los positivos se concentran en ocho parcelas de 62 en las que se tomaron muestras de plantaciones citrícolas. Por el momento, hay seis viveros con algunas plantas o lotes afectados, que están confinados y no disponen de autorización para su comercialización. “Tenemos inmovilizadas unas 10.000 plantas, cuando en la Comunidad Valenciana anualmente se producen entre tres y cuatro millones de plantones de cítricos. Es decir, el impacto en el sector viverístico, a falta de nuevos resultados, de momento es limitado”, matiza Dalmau.

La aparición de este nuevo virus abre una grieta en el Programa de Mejora Sanitaria en Cítricos que el actual IVIA puso en marcha hace cincuenta años en respuesta al impacto que en los años sesenta y setenta del pasado siglo tuvieron algunos virus, sobre todo el de la tristeza, en la citricultura española. Basado en la técnica del microinjerto de ápices caulinares in vitro, este programa ha permitido obtener desde entonces más de 800 variedades sanas que los viveros han usado para producir más de 200 millones de plantones certificados que han transformado por completo el panorama varietal español y han permitido la reconversión total de la citricultura. Aunque a fecha de hoy no se puede descartar que CYVCV se haya introducido a través de material vegetal importado irregularmente, Dalmau ha anunciado que “todo el sistema de saneamiento y certificación de cítricos se va a someter a una evaluación exhaustiva para poder aplicar, en su caso, las medidas correctoras que fueran necesarias”.

Por el momento, hay seis viveros con algunas plantas o lotes afectados, que están confinados y no disponen de autorización para su comercialización

Este patógeno, un virus emergente perteneciente al género Potexvirus, ha recorrido un largo camino desde su primera identificación en Pakistán en 1988, expandiéndose progresivamente por India, Turquía, China, Irán y Corea, hasta su reciente salto a California en 2022 y a Italia en 2024. Antonio Olmos, responsable del Laboratorio Nacional de Referencia para virus de especies leñosas, explica que en estos momentos se desconoce “la magnitud real del problema; tampoco conocemos el nivel de dispersión del virus en nuestros campos. Hasta ahora, se ha detectado en campo en diferentes puntos de la Comunidad Valenciana en variedades de naranjos, mandarinos y clementinos que son, por lo general, hospedadores asintomáticos. No tenemos todavía datos de su presencia en parcelas de limonero en la Comunidad Valenciana. Se están realizando prospecciones a mayor escala para evaluar el estado actual del cultivo en cuanto a este virus con el objetivo de conocer el impacto real lo antes posible”.

Desde el IVIA, se están diseñando y mejorando técnicas de detección en laboratorio, campo y viveros, que incluyen una PCR a tiempo real validada conforme a los estándares de la EPPO desarrollada por el equipo de Antonio Olmos, que se está transfiriendo a los Servicios de Sanidad Vegetal. “Además de estudiar el origen de los aislados, en el IVIA se están realizando estudios epidemiológicos de la enfermedad, de identificación de vectores, su control y evaluación de su capacidad de transmisión. Paralelamente, se está buscando material vegetal más tolerante o incluso resistente en limonero”, detalla el virólogo.

Los estudios filogenéticos basados en datos moleculares sitúan a los aislados españoles dentro de un grupo genético específico que incluye cepas de India, Turquía, Pakistán, Italia y Estados Unidos. La secuenciación de veinte genomas completos por parte del IVIA revela una proximidad evolutiva muy estrecha con los virus detectados en India y Turquía. “Se trataría de una historia evolutiva reciente, ya que no han tenido mucho tiempo para evolucionar y acumular cambios genéticos”, afirma Olmos. En comparación, China presenta una diversidad mucho mayor debido a una larga trayectoria de evolución local.

Ante la confirmación de la presencia del virus, las medidas de prevención y contención se han convertido en la prioridad absoluta para evitar una dispersión masiva que afecte especialmente al cultivo del limón, la especie más sensible a los daños económicos. La lucha contra el patógeno en el campo se complica por su versatilidad en el contagio, ya que se transmite por injerto, herramientas de corte contaminadas y diversos insectos vectores presentes de forma abundante en las plantaciones españolas, como los pulgones (Aphis spiraecola, A. gossypii) y la mosca blanca de los cítricos (Dialeurodes citri). Al no existir tratamientos curativos —un árbol infectado lo estará de por vida—, las recomendaciones para los citricultores se centran en la higiene y el manejo agronómico. En los lugares donde todavía no se ha establecido el virus, Sanidad Vegetal recomienda usar material certificado y sometido a control oficial, evitando el uso de material vegetal procedente de parcelas comerciales o de otros estados miembros que no tenga categoría de certificado; realizar prospecciones periódicas de la posible aparición de síntomas en parcelas, viveros y jardines, preferentemente en limonero, lima y naranjo amargo; intervenciones fitosanitarias para reducir la abundancia de vectores; hacer un manejo agronómico adecuado (riegos y fertilización equilibrada, gestión agronómica para evitar brotaciones secundarias que favorecen la presencia de pulgones y moscas blancas, eliminación de malas hierbas descritas en el punto anterior como reservorio del virus); desinfectar las herramientas de corte entre parcelas: retirar, en primer lugar, los restos de residuos orgánicos con agua y jabón o detergente, y posteriormente desinfectar con una dilución de lejía en agua de 1:9 durante más de cinco minutos, alcohol isopropílico al 70-100%, peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) o amonios cuaternarios.

En el IVIA se está buscando material vegetal más tolerante o resistente en limonero

En los viveros, las medidas de bioseguridad deben reforzarse y mantener la producción bajo protección física, con la instalación de dobles puertas, restricciones estrictas de entrada de personal y un incremento de los tratamientos insecticidas contra los vectores. Además, Sanidad Vegetal insta a mantener registros de trazabilidad de lotes de vivero y pasaportes fitosanitarios del material vegetal de reproducción y recuerda que la introducción de material vegetal de reproducción de cítricos procedente de países terceros está, excepto en casos muy excepcionales, prohibida en toda la Unión Europea. Ante cualquier sospecha de síntomas, los agricultores deben contactar de inmediato con las Oficinas Comarcales Agrarias o el Servicio de Sanidad Vegetal.

Los síntomas foliares más característicos de CYVCV en limón, limas y naranjo amargo consisten en clorosis muy acentuadas en las nervaduras de las hojas, de color amarillo principalmente en nervaduras secundarias; abolladuras y abarquillamiento de las hojas; ocasionalmente, manchas cloróticas en forma de anillo y oscurecimiento y necrosis de las nervaduras en el envés de las hojas.

En limón se han descrito también síntomas en frutos como malformaciones, reducción de calibre y pérdida de calidad. En infecciones graves, los árboles de limón afectados pueden mostrar debilitamiento y reducción de la producción. Los síntomas de la enfermedad en limón pueden variar según la variedad, las cepas virales y las condiciones ambientales, como la temperatura, presentando en verano una menor severidad.