En la gestión agronómica actual, la temperatura del aire es el parámetro estándar para modelar la fenología de los cultivos y evaluar el riesgo de enfermedades. Sin embargo, un estudio realizado por investigadores del Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC), dentro del Proyecto BeXyl, revela que las temperaturas dentro de los tejidos leñosos y en la interfaz suelo-raíz difieren sustancialmente de las registradas por las estaciones meteorológicas convencionales. Este hallazgo sugiere que los modelos basados únicamente en la temperatura ambiental podrían estar subestimando o sobreestimando la supervivencia de patógenos vasculares clave como Xylella fastidiosa y Verticillium dahliae.
La investigación se llevó a cabo en fincas experimentales de Córdoba, utilizando olivos de la variedad 'Picual' de catorce años y almendros 'Marinada' de diez años. Para capturar la realidad térmica interna, se instalaron termopares de tipo K en diversas posiciones: xilema de ramas, xilema del tronco a profundidades de 1 y 4 cm, y en la interfaz suelo-raíz a 20 cm de profundidad, tanto en zonas de sol como de sombra. Este monitoreo a largo plazo —que abarcó más de dos años en olivo— permitió desarrollar modelos de regresión para corregir la temperatura del aire y estimar con precisión lo que realmente sucede en el interior de la planta.
Los resultados muestran que no todas las partes del árbol responden igual al ambiente. Mientras que las ramas finas siguen muy de cerca las oscilaciones de la temperatura del aire, el tronco y el sistema radicular presentan un marcado amortiguamiento térmico.
En verano, cuando las temperaturas externas son extremas, la temperatura máxima en el xilema del tronco fue entre 3,4°C y 5,4°C inferior a la del aire. Por el contrario, el suelo mostró una capacidad de regulación aún mayor: durante la primavera y el verano, la interfaz suelo-raíz en zonas sombreadas estuvo entre 5,2°C y 9,0°C más fresca que el aire. En los meses fríos de otoño e invierno, el suelo actuó como un reservorio de calor, manteniendo temperaturas entre 5,9°C y 11,7°C por encima de las mínimas ambientales.
Aunque el aire alcance temperaturas de congelación que podrían ser letales para Xylella fastidiosa, el xilema mantiene temperaturas mucho más suaves que facilitan la supervivencia de la bacteria
Este aislamiento se debe principalmente a la baja conductividad térmica de la madera madura y a las propiedades aislantes de la corteza lignificada, además del efecto refrigerante del flujo de savia durante la transpiración, según los autores, Miguel Román-Écija, Blanca B. Landa, Luca Testi y Juan A. Navas-Cortés.
Para los técnicos especialistas en sanidad vegetal, estos datos cambian la interpretación de la viabilidad de patógenos vasculares: en la supervivencia invernal de X. fastidiosa, aunque el aire alcance temperaturas de congelación que podrían ser letales para la bacteria, el xilema del tronco y, sobre todo, las raíces, mantienen temperaturas mucho más suaves (por encima de los 8°C en invierno), lo que facilita que el patógeno sobreviva y recolonice el árbol en la temporada siguiente; en la persistencia de V. dahliae, las microesclerocias de este hongo en el suelo y su actividad en las raíces se ven protegidas por el amortiguamiento térmico del suelo, que evita que alcancen los límites letales de temperatura incluso en los veranos más calurosos del valle del Guadalquivir.
El estudio concluye que el uso exclusivo de datos de estaciones meteorológicas estándar (ubicadas a 1,5-2 m de altura y fuera de la copa) limita la representatividad de las condiciones reales en el interior de las estructuras arbóreas.
La incorporación de factores de corrección que tengan en cuenta la profundidad del tejido, la estacionalidad y la posición del sensor permitirá a los técnicos desarrollar marcos de riesgo de enfermedades mucho más precisos y biológicamente realistas. Además, este enfoque abre la puerta a mejorar las herramientas de agricultura de precisión, optimizando no solo el control de plagas y enfermedades, sino también la detección de estrés hídrico y la gestión del riego.
