Las precipitaciones registradas en la provincia de Cádiz durante los últimos meses, con más 600 mm de agua de lluvia, obliga a vigilar la aparición de enfermedades fúngicas en los cultivos de olivar, vid y hortícolas. El Servicio de Sanidad Vegetal andaluz enumera los principales riesgos.
Las lluvias han modificado el escenario agroclimático de Cádiz tras un prolongado periodo de sequía. Estos episodios de lluvia, en muchos casos intensos y persistentes, han tenido una incidencia directa sobre los principales cultivos agrícolas de la provincia, con efectos favorables y adversos. La recarga de acuíferos y del perfil del suelo constituye un beneficio estratégico para la planificación agraria a medio plazo, pero el exceso de humedad, la saturación de suelos y el aumento de la presión sanitaria han introducido riesgos significativos en determinados sistemas productivos.
En los últimos días se han producido episodios de precipitaciones intensas y persistentes, junto con rachas de viento muy fuertes, que agravan aún más el escenario y afectan a la actividad agrícola, ya que dificulta las labores habituales (siembras, cosecha, etc) y provoca nuevos encharcamientos, daños en cultivos, erosión del suelo y posibles pérdidas en cosechas e infraestructuras agrarias.
En el olivar, especialmente en zonas de sierra, la infiltración del agua ha permitido una recuperación significativa de la humedad en el perfil del suelo, lo que resulta especialmente beneficiosa tras varias campañas condicionadas por la sequía. Sin embargo, las abundantes y persistentes lluvias caídas, sobre todo en el mes de enero con casi 400 mm en algunos puntos de la sierra, comienzan a manifestarse de manera muy negativa sobre el cultivo. El principal problema es que, aunque aún se pueda recolectar en campo la aceituna, es imposible el acceso a las fincas para poder transportarlas a la almazara.
El fuerte viento llegó, en algunos casos puntuales, a arrancar de raíz algunos olivos. Sanidad Vegetal constata que muchos árboles presentan amarillamiento, debido al encharcamiento, sobre todo en las zonas bajas de las parcelas, y en olivares cercanos a los ríos, ya que estos se han desbordado.
Desde el punto de vista fitosanitario, no se observa mucho daño por repilo (Fusicladium oleagineum), aunque “esto cambiará, sin duda alguna, en cuanto deje de llover y suban las temperaturas. No se están haciendo tratamientos ni fungicidas ni herbicidas, ya que ni el tiempo da tregua (no para de llover), ni se puede acceder a muchos olivares. Toda esta situación puede derivar en un debilitamiento progresivo del olivar y en una mayor sensibilidad a factores de estrés”, advierte Sanidad Vegetal a través de la Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF).
En olivar superintensivo de campiña se terminó la recolección hacia finales de diciembre. Las lluvias de enero han impedido que, en numerosas parcelas olivar con este sistema de cultivo, se pudieran realizar las labores propias del momento, como son la poda, los tratamientos herbicidas y fungicidas, y los abonados (estos se han realizados en la mitad de las parcelas).
Todavía no se observa mucho daño por repilo, aunque esto cambiará en cuanto deje de llover y suban las temperaturas
El viñedo, presente en distintas comarcas de la provincia de Cádiz y de especial relevancia en el entorno del Marco de Jerez, no presenta, por el momento, daños significativos. El agua caída en el Marco de Jerez es de unos 500 mm, desde que empezó a llover en octubre. En esta fase del cultivo (reposo vegetativo), las lluvias están contribuyendo positivamente a la reposición de las reservas hídricas del suelo, lo que será positivo para el inminente inicio del arranque vegetativo. La acumulación suficiente de horas-frio durante los últimos meses (sobre todo enero) va a provocar, con toda probabilidad, una brotación muy uniforme y homogénea de las cepas.
Las precipitaciones están provocando un retraso de las labores típicas del cultivo por estas fechas, como la poda, a la aplicación de herbicidas, o los abonados de fondo. En general, no se han observado muchos daños estructurales ni en el cultivo ni en el acceso a las viñas; tampoco se ha detectado una excesiva erosión en el terreno.
Los cultivos hortícolas al aire libre constituyen uno de los sistemas productivos más vulnerables a las lluvias intensas. Se trata de cultivos de ciclo corto, con sistemas radiculares superficiales y una elevada dependencia de las condiciones del suelo en periodos muy concretos. En situaciones de lluvia moderada, el aporte hídrico resulta beneficioso, ya que favorece la germinación, el crecimiento inicial y reduce la necesidad de riego; sin embargo, “las actuales precipitaciones están provocando algunos efectos negativos en estos cultivos. Se han producido encharcamientos, pero no de mucha importación, dado que la mayoría de estos cultivos se efectúan sobre suelos arenosos, lo que facilita el drenaje”, informa la RAIF.
En Costa Noroeste, se está retrasando la recolección de las patatas de siembra extratemprana (la que se sembró en otoño), así como la siembra de la patata de media estación. En Janda-Costa, para la patata, el panorama es muy distinto, ya que los tubérculos que se sembraron en enero se encuentran en un alto grado de pudrición por el exceso de agua, prácticamente en su totalidad. En otros cultivos como coles, fresas, puerros o zanahorias, la recolección está paralizada o ralentizada. Desde el punto de vista fitosanitario, las patatas que no se han perdido presentan daños por mildiu; las coles y las fresas tienen botritis; y las zanahorias, daños por alternaria y esclerotinia, favorecida esta última por la elevación, en algunas zonas concretas, del nivel freático.
En los cultivos hortícolas en invernadero, a pesar de no recibir directamente el agua de lluvia sobre ellos, el aumento de la humedad relativa dentro de los invernaderos, unido a la falta de ventilación con el objetivo de mantener estable el microclima interno, está originando, en todos los cultivos bajo plástico, un incremento importante de las enfermedades, como mildiu y oídio, y en particular de botritis, cuya incidencia está siendo algo elevada, incrementándose el número de tratamientos fungicidas.
A la vista de los efectos observados, Sanidad Vegetal recomienda reforzar las estrategias de manejo orientadas a minimizar los riesgos asociados al exceso de agua. “Resulta prioritario mejorar el drenaje de las parcelas, especialmente en suelos pesados o con antecedentes de encharcamiento, mediante actuaciones de carácter superficial o estructural. Asimismo, se aconseja intensificar el seguimiento fitosanitario de los cultivos, con especial atención a la detección temprana de enfermedades fúngicas, y ajustar los programas de tratamientos preventivos a las condiciones de elevada humedad”.
En todos los sistemas de cultivo se recomienda evitar el tránsito de maquinaria sobre suelos saturados para prevenir la compactación y preservar la estructura del suelo. En el caso de los cultivos hortícolas, conviene “extremar la planificación de siembras y trasplantes, priorizando parcelas con buen drenaje y considerando alternativas de protección o retraso de plantaciones en periodos de elevada inestabilidad meteorológica”.

