2017 será recordado en La Rioja como el año de recolección más temprana, pero también por las consecuencias nefastas de las heladas tardías de abril, sobre todo en Rioja Alta, y por la afección de una sequía apreciable en todas las comarcas productivas de La Rioja.

Las incidencias a destacar en viñedo han sido consecuencia de los accidentes meteorológicos, siendo mínima la afección de plagas y enfermedades. La cosecha en la Denominación de Origen Calificada Rioja se ha mostrado escasa, cercana a los 350 millones de kilos de uva.

En lo que respecta a plagas y enfermedades en el olivar riojano, la campaña se ha caracterizado por su buena sanidad, gracias en parte a las condiciones climáticas que se han dado. Las altas temperaturas estivales y otoñales, y la escasez de precipitación, han ayudado a mantener en niveles aceptables a la mayoría de hongos e insectos perjudiciales.

En cuanto a las enfermedades en frutales, solo la mancha negra (Stemphylium vesicarium) en peral planteó problemas a final de campaña. En cerezo, los daños por Drosophila suzukii se han generalizado en todas las plantaciones comerciales, cuando hasta el año pasado eran puntuales y en variedades tardías, haciendo necesario aplicar tratamientos fitosanitarios. En melocotonero, el año se ha caracterizado por no plantear excesivos problemas en cuanto a plagas; únicamente el pulgón parece la plaga más reseñable, no generando problemas de control importantes ni grafolita ni anarsia. La incidencia de las enfermedades de primavera habituales fue inferior a lo normal debido a la ausencia de lluvias.

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