Elisa Viñuela (Salamanca, 1955) lleva cuarenta años estudiando el comportamiento de los insectos, su importancia como enemigos naturales, su relación con los agroecosistemas y su compatibilidad con los plaguicidas. A mediados de los setenta comenzó a estudiar Ingeniería Agronómica en la Universidad Politécnica de Madrid y allí sigue, compaginando la docencia con la investigación. En esta entrevista repasa su prolífica trayectoria, que la ha consagrado como un referente en gestión integrada de plagas, control biológico y manejo de cubiertas vegetales.

"La entomología es una ciencia compleja, los avances se han conseguido en varios ámbitos. No hay que olvidar que los insectos, que aparecieron hace 350 millones de años, son el grupo de organismos más numerosos sobre la tierra (tres de cada cuatro animales son insectos) y tienen una extraordinaria diversidad y plasticidad. Esto ha hecho, por un lado, que hayan entrado a veces en controversia con los intereses humanos, no solo en los cultivos sino afectando también a nuestros animales y nuestra salud. En los últimos años, la incidencia de plagas invasoras en agricultura, a veces mortales para los cultivos, ha ido creciendo y eso nos ha obligado a reinventarnos constantemente al tener que trabajar en escenarios nuevos, que son complejos por haber tres tipos de organismos implicados: plantas-plagas-fauna útil. Pero, por otro lado, los insectos nos reportan innegables beneficios. Los enemigos naturales (parasitoides y depredadores) pueden controlar plagas importantes de los cultivos, disminuyendo así el uso de plaguicidas, y la lista de especies que en general se introduce inoculativamente en los cultivos es bastante larga. Los polinizadores mejoran la productividad agrícola y son esenciales en algunos cultivos. Tratamos de conservar en los agroecosistemás todas aquellas especies silvestres que visitan los cultivos en flor y hemos domesticado algunas especies que criamos e introducimos en los cultivos".

"En agricultura ha habido avances notables estos años, en especial ligados a tres cuestiones. En primer lugar, nuestra preocupación por el medio ambiente y la necesidad de disminuir la contaminación en los agroecosistemas, lo que ha conducido a que la Unión Europea adopte la gestión integrada de plagas como el método de control obligatorio y a que se hayan potenciado las herramientas más respetuosas, entre las que destaca por su innegable valor el control biológico, que ha experimentado un crecimiento exponencial en nuestro país desde finales del siglo XX. En segundo lugar, la necesidad de conservar y aumentar la biodiversidad en las zonas agrícolas. Por ejemplo, se ha reconocido el papel beneficioso de las cubiertas florales, en especial para los polinizadores solitarios, extraordinariamente abundantes y diversos, y tan eficaces como los sociales, que han sido prácticamente unos desconocidos hasta muy recientemente. Por último, los avances biotecnológicos han permitido el desarrollo de plantas-insecticida (OMGs) que nos ayudan a luchar contra algunas plagas de los cultivos de manera más localizada, una detección más temprana de la resistencia a insecticidas en las plagas de los cultivos y una inequívoca identificación de especies y/o biotipos de algunas especies plaga que transmiten virosis o de especies crípticas".