La política fitosanitaria de la Unión Europea conlleva un alto riesgo de entrada de plagas y enfermedades de la que hoy estamos libres, y cuya única solución es el arranque. Ello supone un alto coste económico, social y medioambiental. Xylella es un caso grave de impacto que debe servir para poner en práctica medidas efectivas que minimicen sus efectos y expansión, promover planes de reestructuración de cultivos, e indemnizaciones de modo ágil y justo a los productores afectados.

 

En los últimos meses estamos viendo cómo una guerra comercial se está abriendo entre algunas de las principales potencias, siendo la evidencia más significativa la guerra de aranceles abierta por el presidente norteamericano Donald Trump. Pese a todo ello, nadie duda de que el comercio es una de las principales fuentes de riqueza del planeta, motivo por el cual desde distintos ámbitos y foros, así como desde la práctica totalidad de instituciones, se viene promoviendo y aplicando políticas que faciliten los intercambios, en este caso de mercancías.

 Paralelamente, y como consecuencia del incremento del intercambio de bienes desde todos los lugares del planeta, se está incrementando el riesgo de contagio de plagas y patógenos de zonas, inicialmente, libres de ellas. La irrupción de estos nuevos invitados suele conllevar desastres, tanto desde el tipo de vista agronómico, como de las consecuencias económicas que de ello se derivan. Es por ello que son muchos los países que, en el ámbito agroalimentario, adoptan medidas y cautelas a la importación de productos agrarios, plasmados en leoninos protocolos que deben de cumplir aquellos comercializadores que desean acudir a esos mercados.

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