El objeto de este artículo es revisar someramente las diversas funciones de las malas hierbas en los paisajes agrícolas, explorando las posibilidades de usar esta información para diseñar nuevos agroecosistemas desde una perspectiva de paisajes multifuncionales.

 

Los paisajes agrarios contienen una variedad de especies vegetales distribuidas dentro de un mosaico de áreas agrícolas y no agrícolas. En los últimos años se ha puesto en evidencia una creciente demanda por parte de la sociedad de unos  paisajes multifuncionales en los que la producción de cultivos esté balanceada con otros bienes y servicios tales como la conservación de polinizadores y de enemigos naturales de las plagas, el reciclado de nutrientes, el secuestro de carbono, la conservación del suelo, agua, flora y fauna, los valores estéticos y recreativos, etc. En España y otros países de la UE estos bienes y servicios pueden ser un interesante aporte a las rentas agrícolas (p. ej. a través de las ayudas agroambientales). Con objeto de alcanzar este balance será necesario analizar las diversas funciones de cada uno de los componentes de los agroecosistemas, teniendo en consideración las posibles contrapartidas existentes entre diversas opciones de gestión.

Uno de estos componentes son las malas hierbas. Aunque el concepto, e incluso el término, ‘mala hierba’, están sujetos a discusión, dicho debate puede resultar esclarecedor. Según una de las definiciones más clásicas, una mala hierba es ‘una planta en el lugar equivocado’. Esta definición tiene dos implicaciones importantes. La primera, la palabra ‘equivocado’ implica una opinión humana ya que ‘correcto’ y ‘equivocado’ son conceptos muy subjetivos. La segunda, la palabra ‘lugar’ implica que la relación de estas plantas con el hombre varía espacialmente; es decir, que la misma especie puede suministrar servicios útiles en un lugar mientras que resulta perjudicial en otro. En ese sentido, el análisis de los sistemas agrarios a escala paisaje, combinado con una correcta apreciación de los servicios y perjuicios asociados a las ‘malas hierbas’ puede aportar nuevas opciones para la gestión de estas plantas, poniendo el acento en el mantenimiento de sus poblaciones en aquellas zonas donde producen bienes o servicios positivos y en la reducción de las mismas donde producen efectos negativos.  

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