La puesta a disposición del agricultor de nuevas herramientas de control biológico les ha permitido hacer frente a los retos que ha supuesto la aparición de nuevas plagas de gran importancia económica, a la vez que les ha permitido cumplir con los estándares cada vez más restrictivos a la presencia de residuos químicos. Estos factores, entre otros, han propiciado que en los últimos años, el uso de estrategias de control biológico en la horticultura de nuestro país haya tenido un importante incremento.

España, con una superficie invernada estimada en unas 49.000 ha, es el país con más superficie protegida en la zona del Mediterráneo. La mayor parte de esta superficie se destina a la producción de cultivos hortícolas (FAO, 2009) y se concentra en el sureste del país, en las provincias de Almería y Murcia. Entre ambas, comercializan más de 5 millones de toneladas de hortalizas al año, lo que supone cerca del 40% del total nacional. Los principales cultivos son tomate, pimiento, berenjena y diversas cucurbitáceas.

A inicios de los años 2000, las principales plagas que afectaban a los cultivos hortícolas en el sureste de España eran el trips Frankliniella occidentalis (Pergande) (Thysanoptera: Thripidae) y la mosca blanca Bemisia tabaci Gennadius (Hemiptera: Aleyrodidae). Ambas plagas causan importantes daños directos e indirectos, pero son más importantes por su rol como vectores de diversas virosis como el Tomato Spotted Wilt Virus (TSWV) en pimiento y tomate por parte del trips y el Tomato Yellow Leaf Curl Virus (TYLCV) en tomate por parte de la mosca blanca. Para su control, los agricultores empleaban fundamentalmente agentes de control químico, para los cuales estas plagas pronto desarrollaron resistencias (e.g. Espinosa y col., 2002; Fernández y col., 2009). Esto condujo a un círculo vicioso en el que los agricultores incrementaban la frecuencia de las aplicaciones, así como la dosis de los plaguicidas utilizados. En consecuencia, lejos de incrementar la eficacia, se agravó el problema de la generación de resistencias y derivó finalmente en un problema medioambiental y de seguridad alimentaria.

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