Los virus transmitidos por insectos-vectores han sido factores limitantes para el cultivo de tomate protegido en el sureste de España y han determinado los cambios en las estructuras de los invernaderos, el manejo del cultivo y el uso de los fitosanitarios.  Mientras que la incidencia por virus de pulgón es muy baja, la de aquellos transmitido por trips y por mosca blanca puede ser problemática. Estrategias sostenibles para controlar los vectores basadas en control biológico e integrado son cada vez más aplicadas. Sin embargo, su éxito sigue en gran parte dependiente de buenas estructuras de invernaderos que limiten la entrada de las plagas desde el exterior.

Durante 2018, España produjo 4,6 millones de toneladas de tomate, de las cuales casi 2,9 millones provienen de cultivos al aire libre y casi 1,9 millones de cultivos protegidos. La mayor parte (casi 1,4 millones de toneladas) de la producción de tomate en invernadero procede de Andalucía, la mayor parte (casi un millón de toneladas) producida en las más de 10.000 ha de invernadero de Almería. Durante ese año, 39 empresas de semillas ofrecían cuatrocientas variedades de tomate al mercado. La misma provincia ha producido más de 200 millones de plántulas de tomate en 2014, donde se representaban los principales tipos de tomate: en rama, pera; para industria, cherry, larga vida y beef.

Desde el inicio de la horticultura protegida en Andalucía, plagas y enfermedades han sido factores limitantes, y muchas de las plagas han sido problemáticas por ser vectores de virus.  La aparición de las virosis transmitidas por insectos ha llevado a la instalación de mallas anti mosquiteras en las estructuras de invernadero para evitar la entrada de pulgón alado y así controlar la introducción y propagación de virus transmitido por este insecto.  La irrupción de otros virus ha llevado al desarrollo y a la instalación de mallas más densas, llamadas “anti-trips”, para proteger los cultivos frente este insecto y el virus de las manchas bronceadas del tomate (Tomato Spotted Wilt Virus, TSWV). Las estructuras bajo abrigo fueron reforzadas con mejoras en las entradas y ventanas para evitar la entrada de la mosca blanca, y evitar así a los diferentes virus que transmite.  Los virus en hortícolas han impulsado a los mejoradores de semilla a buscar e incorporar caracteres genéticos de resistencia en los cultivares. Además, desde hace más de diez años, los virus transmitidos por insectos vectores están causando un cambio radical en el tipo y el uso de fitosanitarios.

Comprar revista Phytoma 314 – Diciembre 2019