Desde la introducción de Tuta absoluta en España en 2006, se ha seguido una exitosa gestión integrada de la plaga, siendo un ejemplo a nivel internacional de cómo prevenir el desarrollo de resistencias a insecticidas. Sin embargo, en las últimas campañas han aparecido poblaciones resistentes a las diamidas en algunas zonas de España, debido fundamentalmente a un uso inadecuado de los productos provocado por las restricciones comerciales de algunos supermercados. Es imperativa una vuelta a una gestión integrada de la plaga mediante estrategias de control basadas en medidas culturales, biotécnicas, biológicas y químicas, incluyendo estrategias apropiadas de manejo de la resistencia. Son muchos pocos los que suman para hacer un mucho que controla la plaga de manera sostenible.

La polilla del tomate, Tuta absoluta (Meyrick) (Lepidoptera: Gelechiidae), llegó a España en 2006 (Urbaneja y col., 2007) y su expansión fue muy rápida en toda la Península Ibérica, para posteriormente diseminarse por todo el Mediterráneo. Se ha convertido, sin ningún género de dudas, en la plaga más grave del cultivo, ya que las abundantísimas poblaciones que desarrolla devastan literalmente el cultivo. Esta plaga está comprometiendo la viabilidad técnica y económica del cultivo de tomate, con severas consecuencias económicas y sociales.

Las medidas culturales (higiene, carencia entre cultivos, destrucción de restos, utilización de mallas) y biotécnicas (trampas, feromonas) ejercen un papel fundamental en la prevención y seguimiento de la plaga, pero el control de las poblaciones establecidas se basa en el control biológico y el control químico. Sin embargo, debido a la elevadísima capacidad reproductora de esta plaga es crucial el mantenimiento de poblaciones muy bajas, por lo que el control químico, mediante insecticidas compatibles, se hace muy frecuente, convirtiéndose en muchos casos en el principal factor de mortalidad de la plaga. El bajo número de insecticidas realmente efectivos hace que tienda a repetirse su uso, lo que unido a la elevada presión insecticida que es necesario ejercer, hace que el riesgo de aparición de resistencias sea severo.

Actualmente, el control químico de la plaga descansa principalmente en cuatro modos de acción (IRAC España 2019): Grupo 28 diamidas (clorantraniliprol y ciantraniliprol), Grupo 6 avermectinas (emamectina benzoato), Grupo 5 spinosines (spinosad) y Grupo 22 oxadiazinas (indoxacarb). Además, algunos bioinsecticidas tienen un papel relevante en el control de la plaga, como el Bacillus thiringiensis (Grupo 11).

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