El tomate es el cultivo hortícola que destina la mayor superficie a nivel mundial. Según la FAO (2016), en España se producen un volumen total de 4.670 millones de kilos de tomate en una superficie aproximada de 54.203 hectáreas, con un rendimiento medio de 8’6 kilogramos/m2. Solamente en la provincia de Almería (la mayor productora y comercializadora de tomate, tanto en España como en toda Europa), se produce un volumen de 1.102 millones de kilogramos, con un rendimiento medio de 10’2 kilogramos/m2 de tomate, en una superficie de 10.836 hectáreas de cultivo protegido. Es decir, solo Almería produce el 23,6% del total nacional, y ocupa el 20% de la superficie que se destina en España a este cultivo.

 

Sin embargo, el cultivo de tomate se ve afectado por una amplia variedad de plagas de insectos (pulgones, moscas blancas, orugas de lepidópteros, con mención especial a Tuta absoluta), eriófidos (Vasates spp.) y ácaros tetraníquidos (Tetranychus urticae), así como por distintas enfermedades causadas por hongos de suelo como Fusarium spp., Rhizoctonia spp., etc, y otras foliares, como el mildiu (Phytophthora infestans), el oídio y las oidiopsis (Fulvia fulva), bacteriosis (Clavibacter spp., Xanthomonas spp., etc.) y algunas virosis (PepMV, ToLCNDV, TYLCV, TMV, etc.) que pueden ocasionar cuantiosas pérdidas a estos cultivos.

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