La Huerta de Valencia está protegida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial, SIPAM. Esta denominación reconoce su importancia como entidad agroecológica, fruto del trabajo de los labradores que, con su experiencia y conocimientos, han diseñado un sistema agrario milenario que actualmente está en crisis y necesita reorientarse aplicando criterios agroecológicos. Por sus características estructurales, económicas y sociales, para regenerar la entidad agroecológica de la Huerta de Valencia es necesario que los productos que se obtienen de ella tengan su destino comercial en el mercado local, aunque parte de ellos se vendan en mercados externos como comercio de ocasión.


La necesidad comercial local exige a los labradores de la huerta de Valencia que realicen una programación comercial y una planificación de su producción con el objetivo de adaptar dicha producción a la demanda del mercado local. Con la programación comercial averiguarán el interés del consumidor local por los productos locales, así como la cantidad y la calidad que desean comprar, mientras que con la planificación de la producción diseñarán estrategias de cultivo para la obtención de productos con el menor coste ambiental y económico. La planificación trabaja en dos vertientes; una espacial, basada en los condicionantes del lugar dónde vamos a producir: clima, suelo, agua, fauna y flora; y otra temporal, basada en qué, cuándo y cómo vamos a cultivar: productos, variedades, época de cultivo, ciclos de producción y técnicas agronómicas.
En el artículo me centraré en las técnicas que utilizamos en el manejo de la flora autóctona para beneficio de los cultivos y del medio ambiente. La flora en los cultivos hortícolas y la flora en los márgenes de las parcelas son tratadas de forma diferente, como veremos a continuación.

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