La mosca del olivo, Bactrocera oleae (Rossi, 1790), y la polilla del olivo, Prays oleae (Bernard, 1788), son las plagas más dañinas para el cultivo del olivo, y en ambos casos la complejidad del paisaje afecta negativamente a sus poblaciones. Desentrañar los mecanismos responsables de este efecto es una tarea compleja que puede desvelar información esencial a la hora de establecer recomendaciones a los agricultores para llevar a cabo un control de plagas que no sea dañino para el medio ambiente. En el caso de B. oleae, el conocimiento está más avanzado y se sabe que el efecto del paisaje puede estar mediado por la acción de depredadores generalistas sobre pupas de la mosca, y que el matorral mediterráneo juega un papel importante en este fenómeno.

La mosca del olivo, Bactrocera oleae (Rossi, 1790), y la polilla del olivo, Prays oleae (Bernard, 1788), son las plagas más dañinas para el cultivo del olivo, y en ambos casos la complejidad del paisaje afecta negativamente a sus poblaciones. Desentrañar los mecanismos responsables de este efecto es una tarea compleja que puede desvelar información esencial a la hora de establecer recomendaciones a los agricultores para llevar a cabo un control de plagas que no sea dañino para el medio ambiente. En el caso de B. oleae, el conocimiento está más avanzado y se sabe que el efecto del paisaje puede estar mediado por la acción de depredadores generalistas sobre pupas de la mosca, y que el matorral mediterráneo juega un papel importante en este fenómeno.

La protección vegetal vive una continua transformación, tendente al uso de herramientas alternativas al control químico tradicional, debido a sus efectos nocivos. En el caso del olivar, la guía de Gestión Integrada de Plagas (GIP) supone el desarrollo del marco normativo definido por el Reglamento (CE) nº 1107/2009 y la Directiva 2009/128/CE del Parlamento Europeo y Consejo. Una de las ideas recogidas en dicha guía es la concepción del cultivo no como un sistema aislado sino como parte del agroecosistema, cuya biodiversidad puede proporcionar al cultivo modos naturales de control de plagas. Sin embargo, el camino hasta la implementación de medidas basadas en la biodiversidad para el control de plagas es largo y complicado, debido a la propia complejidad y diversidad de los agroecosistemas. En este contexto, el estudio del papel del paisaje en las plagas del olivo constituye un paso en dicho camino.

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