Una concepción actual de manejo del olivar contempla el mantenimiento e incremento de su biodiversidad, lo que supone, entre otros elementos, la implantación de cubierta vegetal herbácea. Con esto, además de limitar la erodibilidad (Pastor y col., 2001), se pretende potenciar las interacciones: fitófago-entomófago, y por tanto, optimizar los mecanismos naturales de control (Rodríguez y col., 2012; Porcel y col., 2017; Corrales y Campos, 2004; Gómez y col., 2017). Con este objetivo se ha pasado de una situación tradicional, o convencional, basada en el uso calendarizado de pesticidas y carente de cubierta vegetal, al Control Integrado de Plagas que contempla la proliferación de una cubierta vegetal, y la aplicación de tratamientos químicos en caso exclusivamente necesario -lo que implica un continuo conocimiento de las variaciones poblacionales de las plagas-, con lo que se pretende preservar la comunidad de enemigos naturales.

No obstante, bajo este enfoque, el máximo exponente lo representa el Cultivo Ecológico, en el que se contempla el mantenimiento de una cubierta vegetal, y muy especialmente, la completa supresión de pesticidas de síntesis,  por lo que en este caso el control de plagas se debe exclusivamente en la propia acción entomófaga. Dado que diversidad y abundancia de enemigos naturales constituye un elemento diferenciador entre los tres tipos de manejo, es de gran utilidad práctica caracterizar cada uno de estos en función de un patrón específico de especies bioindicadoras, que permita evaluar la influencia de los dos principales elementos por separado.

Comprar Revista 293 NOVIEMBRE 2017